La guerra de Indochina

Música simple, estridencia, frenesí.

Noche de griteríos y frenéticos bailarines en el Amauta. Se congregó la noche del viernes pasado, una multitud de jóvenes para aplaudir al grupo francés que ha venido causando serias disputas por su presentación en Lima.

El diputado Vílchez tenía la razón: la presentación del grupo francés Indochina fue un escandalo, peo lo fue por la estruendosa multitud de jóvenes que concurrió al Coliseo Amauta para escuchar en vivo y en directo a este conjunto, ensordecedor para muchos pero alucinate y atractivo para los menores de 20 años.

Chicos y chicas por igual, compitiendo en alaridos y aplausos, casi repletaron el Amauta, dando respaldo a la farma de este grupo que provocó tantos resquemores al diputado. Luces sicodélicas, olor a pasta y yerba, multitud de fans que parecían un trozo de algún video clip bullanguero, dieron color y atmósfera a la presentacíon de esos desenfadados franceses parisinos que han batido records de ventas de discos en su país como en Escandinavia y están a punto de hacerio en el Perú.

MUSICA NON SANCTA

En el escenario del Amauta, mientras la chiquillada aullaba frenética, incitada por Nicola Sirkis, el cantante del gruopo, a seguir el desenfrenado compás, Dimitri (Bodianski) se contoneaba con su saxo y el hermano gemelo del cantante, Stéphane, rasgaba en su guitarra eléctrica acompañado por el sintetizador de Dominique Nicolas.

Era Indochina en pleno, con el contundente argumento de su música non sancta, sus canciones que nadie entendia pero que igual apasionaron a la enorme multitud de gente joven que concurnó a ver al difamado conjunto. Música simple, maliciosa, pero al dia, eso fue Indochina, que curzó el océano para hacerse aplaudir en Chaera Rios, Perú, Sudamerica, punto final de su gita al de continente.